En su quinta presentación en River en 2025, Airbag atravesó una lesión inesperada y rearmó el show sobre la marcha. Una crónica sobre oficio, familia y un recital que no se detuvo.

En la Roma antigua, los gladiadores no peleaban para ganar belleza ni aplausos fáciles: peleaban para sostenerse. Para no caer. Para terminar la jornada de pie, aun lastimados. Algo de eso ocurrió en el Estadio Monumental en la segunda noche de Airbag, el 18 de diciembre, cuando el cuerpo de Guido Sardelli dijo basta demasiado pronto y, aun así, el show siguió.
Airbag venía de cerrar el primer River de diciembre el día 17 con un recital sólido, largo, que confirmaba lo que ya era un hecho: cinco estadios Monumental agotados en un mismo año no son una casualidad ni una moda pasajera. Son resultado de una banda que encontró su lugar después de décadas de trabajo, cuestionamientos y persistencia. Pero lo que terminó de marcar esta despedida de 2025 ocurrió recién al día siguiente.

El 18, Como un diamante volvió a abrir la noche. A mitad del tema, en uno de los saltos habituales sobre el escenario, Guido cayó mal. El tobillo izquierdo se torció de manera visible. Siguió unos minutos más, forzando el movimiento, hasta que en Vivamos el momento ya no pudo continuar. Salió del escenario. El show se detuvo.
No hubo dramatismo ni gestos sobreactuados. Hubo espera. Y cuando Guido volvió, lo hizo sentado, con el pie al descubierto, hinchado, sin vendas ni artificios. Dijo lo justo: que estar lastimado no le quitaba lo que estaba viviendo esa noche. No fue una frase para el recuerdo: fue una forma de seguir. Como en la lógica del gladiador, no se trató de negar la herida, sino de aprender a moverse con ella.

Desde ahí, el recital cambió su lógica sin perder consistencia. Airbag reorganizó su estructura en tiempo real. Guido pasó a alternar entre guitarra, piano y batería. Patricio tomó mayor peso en la conducción del show. Gastón sostuvo el pulso desde el bajo y, más adelante, desde la voz. El setlist se movió: Pensamientos y No confíes en tu suerte sonaron sin Guido; Campos Elíseos y Diez días después encontraron otro clima con él solo al piano.
Lejos de achicarse, el recital se afirmó en la versatilidad que Airbag construyó a lo largo de su carrera. Una banda que puede cambiar de roles sin perder identidad; que puede sostener más de tres horas de show y más de 40 canciones incluso cuando una de sus piezas centrales no está en su lugar habitual. No como excepción, sino como parte de su ADN.

El intercambio de roles se profundizó en el tramo final. Guido regresó a la batería en el encore, Gastón tomó el micrófono en Long Tall Sally, Patricio pasó a tocar la batería en Tu nombre, mientras Guido asumía la voz principal en una canción que históricamente no canta. No como rareza, sino como consecuencia natural de una banda que sabe funcionar incluso frente a las adversidades.
Como en toda pelea larga, el desgaste no anuló la fuerza. El Monumental, colmado, acompañó cada giro del show sin perder intensidad. Las canciones nuevas convivieron con clásicos, los momentos instrumentales con los más coreados, sin que la noche se fragmentara.
El cierre del 18 de diciembre dejó una imagen difícil de separar del resto del año. Con Guido sin poder caminar, Patricio y Gastón lo levantaron entre los dos y lo llevaron por la pasarela, sosteniéndolo hasta el final. No fue un gesto preparado ni una postal buscada: fue una respuesta concreta a una situación concreta. Fue la misma lógica que los acompaña desde siempre: sostener al que cae para que la función continúe.

El intercambio de roles se profundizó en el tramo final. Guido regresó a la batería en el encore, Gastón tomó el micrófono en Long Tall Sally, Patricio pasó a tocar la batería en Tu nombre, mientras Guido asumía la voz principal en una canción que históricamente no canta. No como rareza, sino como consecuencia natural de una banda que sabe funcionar incluso frente a las adversidades.
Como en toda pelea larga, el desgaste no anuló la fuerza. El Monumental, colmado, acompañó cada giro del show sin perder intensidad. Las canciones nuevas convivieron con clásicos, los momentos instrumentales con los más coreados, sin que la noche se fragmentara.
El cierre del 18 de diciembre dejó una imagen difícil de separar del resto del año. Con Guido sin poder caminar, Patricio y Gastón lo levantaron entre los dos y lo llevaron por la pasarela, sosteniéndolo hasta el final. No fue un gesto preparado ni una postal buscada: fue una respuesta concreta a una situación concreta. Fue la misma lógica que los acompaña desde siempre: sostener al que cae para que la función continúe.



Deja un comentario